Archivo del Autor: Cazadora de mariposas

Profesor, mediador entre cultura y desarrollo humano

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Hasta ahora, que un niño asistiese al colegio como parte fundamental de su proceso de desarrollo era indiscutible e incuestionable para mí, o sencillamente, no había reparado en pensar lo contrario, sin embargo, analizando en qué consiste el desarrollo, esta afirmación ha caído en duda.

¿Pues hasta que punto importa la adquisición o interiorización de contenidos a la hora de alcanzar un nivel de desarrollo?, ¿acaso se desarrolla más quién más sabes?

Ya como afirmaba J. J. Rousseau, el desarrollo es algo intrínseco y natural, de tal modo, que este se alcanzará antes o después sin la necesidad de agentes externos, simplemente por su condición innata a los seres vivos, sin necesidad de fomentarlo, hasta el punto de que la educación pueda ser una interferencia por alteración del proceso natural (Mariana Miras).

Sin embargo esta teoría pierde credibilidad cuando se tiene en cuenta que un humano aislado de la sociedad, y siguiendo solo las líneas naturales que defendían Ilustradores como Rousseau,  no llega a alcanzar niveles de desarrollo adecuados. Por lo que hace pensar, que no solo en necesario tener el componente biológico, sino también social, y que el entorno y la interacción son fundamentales para que se produzca. De esta manera, con la interacción social y la transmisión de cultura a través del medio físico organizado, deja un lugar muy pequeño al proceso natural mencionado anteriormente.

Acercándose más a la teoría de Vygotski y considerando la educación formal como otro entorno más, indispensable para el desarrollo personal, me planteo otras cuestiones en torno a este tema, ¿son los conocimientos de los que dota el colegio, lo que produce un mayor desarrollo?, ¿o es el simple hecho de pertenecer a un grupo social, y la resolución de problemas que van surgiendo y de los que aprende fomentando así un crecimiento en el individuo?

Hoy en día, y aunque parezca mentira sigue siendo una tarea pendiente el hecho de trabajar en la escuela el desarrollo integral del alumno, que muchas veces por desconocimiento, falta de reciclaje del profesorado, falta de tiempo etc,  se sigue dando prioridad al desarrollo cognitivo por encima de todo lo demás. Por lo que, respondiendo a la primera cuestión, el aprendizaje de nuevos contenidos , a priori, significaría solo desarrollo del individuo a nivel intelectual.

Pero este hecho, da lugar a enfrentarse a situaciones que no se darían en la vida cotidiana, movilizando de manera más constante estructuras mentales que da lugar a la necesidad de resolución de problemas o toma de decisiones, como por ejemplo, estudiar antes una asignatura u otra teniendo exámenes el mismo día, que hacer al ver que un compañero copiar, etc. Esta participación de los alumnos en este ámbito otorga de manera transversal conocimientos, aprendizajes, y por lo tanto conflictos, provocando desequilibrios que el niño debe ir de una manera u otra solucionando para buscar de nuevo el equilibrio.

Este estado de equilibrio y desequilibrio constante, su satisfactoria resolución, o por el contrario, el fracaso, ayudan al niño a auto conocerse, saber donde están sus límites, y crear de manera adecuada un autoconcepto y una autoestima como parte del desarrollo emocional antes mencionado,  de lo que va a depender tanto continuar con la motivación de seguir aprendiendo, como en la manera  en que los niños se van a relacionar con los iguales.

Tras analizar el origen y la causa del desarrollo llego a la conclusión de que tan importante es la parte biológica como la parte social. Y teniendo en cuenta que en la parte social del desarrollo en donde nosotros podemos interferir como maestros, en nuestras manos está darle la importancia que merecen cada uno de los ámbitos del desarrollo. No solo para fomentarlos, si no para que lo que el alumno vaya construyendo, lo vaya haciendo adecuadamente, cuidando la manera de interactuar con ellos, el lenguaje que utilizamos, el ejemplo que les damos, de tal forma que tratemos de conseguir una autoestima alta, un buen autoconcepto y autoimagen y de esta manera conseguir en nuestros alumnos la motivación necesaria para seguir enfrentándose a la ardua tarea de buscar el equilibrio a través de los aprendizajes que les brinda el colegio .

Referenias: Miras, M. (1990) Educación y Desarrollo. Universidad de Barcelona.

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Rastros de pétalos marchitos

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Un día me levanto, y de repente la vida cambia. Alguien que parecía que siempre iba a estar cerca, sin apenas ser consciente, se va. Es entonces cuando me doy cuenta del tiempo desaprovechado, cuando descubro que no se aprecia lo que se tiene hasta que se pierde. 

Cuando se fue me di cuenta de ello, y maldije cada uno de los momentos perdidos. Como una torre sin su pilar fundamental caí y poco a poco tuve que aprender a vivir con todos los besos no dados.

El tiempo que pasé con ella y no valoré, y por el que daría lo que fuese con tal de recuperar tan solo unos pocos segundos, me recuerdan que tengo que vivir y disfrutar lo que tengo en el presente. Sin embargo, en un día como hoy no puedo dejar de echar la vista atrás, y recordar lo que ya no tengo.

¡Te quiero abuela!
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Haciendo balance de 2013

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Rumbo: Islas Cies.

Pensando todo lo que me ha pasado este año, parece que lo negativo siempre es más llamativo en nuestros recuerdos recientes.

Ha sido un año que empezó mal desde los primeros días, y así a ido transcurriendo cada mes hasta que, como toque final para el año, una de las personas más importantes decidió perderme, junto con mentiras, traición y dolor.

En este tiempo, entre numerosos días de tormenta, se ha ido una persona de mi vida, pero han llegado muchas más, algunas igual de importantes, y otras que pueden llegar a serlo; personas que son protagonistas de mis mejores momentos del 2013, y personas que puedan ser fundamentales para los mejores días del 2014.

Creo que a pesar de todo, las ganancias superan las pérdidas.

Tropiezos

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Rangers del Grupo Scout San José en la inauguración de las construcciones del campamento de verano 2012 ”Fredy Wilkinson”.

Un día trabajamos en clase de Psicología el ¿Por qué? de lo que habíamos estado trabajando en sesiones anteriores. En aquel momento no escribí la entrada porque no me sentía con fuerzas, pero hoy, retomo la rutina otra vez. Enlazando con esto, la foto es una construcción con forma de castillo ambientado en la Edad Media. Era el ”Rincón de la palabra”, donde realizábamos las actividades de reflexión, y donde trabajábamos el ¿por qué? de lo que habíamos ido haciendo durante las actividades del campamento.

Una construcción que se nos resistió. Con la que sudamos para cortar las maderas, clavarlas en el suelo, o intentarlo una y otra vez porque el suelo empedrado se resistía a dejarse perforar. Hicimos peripecias para sujetar los cartones y mantenerlos rígidos, sin la esperanza de que sobreviviesen a un día de lluvia. Después de acabado, cada día, observábamos como algo de nuestro rincón estaba en el suelo. Lo mirábamos, y una y otra vez cogíamos las herramientas volviéndolo a levantar de nuevo. 

Esperanza, valentía,  fuerza, tesón, empeño, coraje, ilusión… todo eso que nos faltó llegado el momento en el que sentimos que no avanzábamos, que estábamos en el mismo punto de partida, y que ese estado se repetía cada día, contemplando el resignarnos y rendirnos como una opción. Igual que en algunos momentos de la vida…

No todos vemos lo mismo, pero vemos

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Cuando empecé la Escuela Infantil (Guardería) con 3 años, mi madre me compró una caja de 24 colores de plastidecor. Esas ceras tan coloridas, tan nuevas, tan bonitas… Un día de clase en el que las saqué para colorear, muchos de mis compañeros se sirvieron de ellas para hacer sus dibujos, con tan mala suerte que ninguna volvió a la caja de origen.

Recuerdo el momento de recoger para irme a casa, y guardar mi caja de pinturas con la mitad de las que tenía cuando llegué. Unas pinturas que sentía mías… porque eras mías!! y ya no estaban, habían desaparecido, se las habían llevado, las había perdido… No sabía ni como, ni cuando, pero nunca volvería a recuperarlas. Recuerdo esa sensación de decepción, de incomprensión, de tristeza profunda porque había perdido algo que creía importante en ese momento para mí, y que desapareció sin más.

El otro día en la clase de Psicología del Desarrollo, la profesora nos dio unos bolígrafos que dijo que serían para nosotros y que seguidamente nos quitó, como parte de una práctica que pretendía despertar algún tipo de sentimiento al perder algo que considerábamos nuestro.

En el largo camino de vuelta a casa, recordando la clase y lo que se siente al perder y recuperar algo que quieres, me vino a la cabeza aquel día de 1994. Y como curiosamente hoy, por circunstancias y situaciones que se nos plantean en la vida, tengo exactamente el mismo sentimiento que hace 19 años. No es por haber perdido unas pinturas, no es por haber devuelto un bolígrafo, pero el sentimiento es el mismo, y pensé: ”vaya tontería por la que me sentía tan mal en aquel momento”.

Pero… ¿Y que más da la causa que nos haga estar mal?, ¿quién tiene la capacidad para decidir que algo carece de importancia?. ¿Quién tiene derecho a decir que hay gente que esta peor?, ¿que un niño está llorando por ”chorradas”?, ¿o que hay cosas más importantes por las que sentirse así?. ¿Quién tiene el derecho de hacer juicios sobre lo que sentimos, sobre lo que tenemos que sentir o de si merece la pena?

No todos vemos lo mismo, pero vemos. No todos sentimos lo mismo, pero sentimos.

Transición evolutiva

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He pensado que escribiría en la siguiente entrada, y he estado esperando a que pasasen los días, para no ahogaros con el mismo negativismo que últimamente me ahoga a mí. Sin embargo, la clase de de hoy de Psicología del Desarrollo no me ha dejado indiferente.

En la vida  hay momentos en los que algo cambia,  en los que lo que era A, ahora es B, en los que cambias de etapa y empiezas a escribir un nuevo capítulo.
Podemos tener sincronización de varias transiciones y que no sabemos si serán decisivas o no hasta que, pasado un tiempo, comprobemos si han producido cambios tanto en nuestra trayectoria vital como en la reorganización interna de valores.
Si un momento de transición en la vida puede cambiar nuestra trayectoria vital y reorganizar nuestros propios valores, ¿está contribuyendo entonces al desarrollo de la persona?, ¿cuanto de relación, o de diferencia tienen el desarrollo y la madurez?.
Ahora sé que esos cambios radicales que está teniendo mi vida últimamente tienen nombre, que unos días este arriba y otros abajo forma parte del proceso y que posiblemente esos cambios me hagan avanzar como persona.

¿Como me veo en el futuro?

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El lunes en clase de psicología, la profesora propuso esta pregunta. Si hubiese contestado esto hace 2 días, mi respuesta a como me veo en el futuro, de manera general hubiese sido: ”Me veo viviendo en mi casa, la casa ideal, o simplemente un hogar formado por la persona que me importa,  mi perrita y quizás nuevos habitantes peludines en busca de ese hogar. Me veo viajando todo lo que no he viajado hasta ahora, conociendo gente, culturas, formas de vida y paisajes que coleccionar. Aunque sea muy optimista, (posiblemente optimista de más), me veo trabajando para lo que estoy estudiando, lo que en realidad he querido ser toda la vida. Algo en lo que cada día sea un nuevo reto, y un aliciente para despertar cada mañana”

Si tuviese que contestarla ahora, no sabría que decir, porque ni siquiera me veo.