No todos vemos lo mismo, pero vemos

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Cuando empecé la Escuela Infantil (Guardería) con 3 años, mi madre me compró una caja de 24 colores de plastidecor. Esas ceras tan coloridas, tan nuevas, tan bonitas… Un día de clase en el que las saqué para colorear, muchos de mis compañeros se sirvieron de ellas para hacer sus dibujos, con tan mala suerte que ninguna volvió a la caja de origen.

Recuerdo el momento de recoger para irme a casa, y guardar mi caja de pinturas con la mitad de las que tenía cuando llegué. Unas pinturas que sentía mías… porque eras mías!! y ya no estaban, habían desaparecido, se las habían llevado, las había perdido… No sabía ni como, ni cuando, pero nunca volvería a recuperarlas. Recuerdo esa sensación de decepción, de incomprensión, de tristeza profunda porque había perdido algo que creía importante en ese momento para mí, y que desapareció sin más.

El otro día en la clase de Psicología del Desarrollo, la profesora nos dio unos bolígrafos que dijo que serían para nosotros y que seguidamente nos quitó, como parte de una práctica que pretendía despertar algún tipo de sentimiento al perder algo que considerábamos nuestro.

En el largo camino de vuelta a casa, recordando la clase y lo que se siente al perder y recuperar algo que quieres, me vino a la cabeza aquel día de 1994. Y como curiosamente hoy, por circunstancias y situaciones que se nos plantean en la vida, tengo exactamente el mismo sentimiento que hace 19 años. No es por haber perdido unas pinturas, no es por haber devuelto un bolígrafo, pero el sentimiento es el mismo, y pensé: ”vaya tontería por la que me sentía tan mal en aquel momento”.

Pero… ¿Y que más da la causa que nos haga estar mal?, ¿quién tiene la capacidad para decidir que algo carece de importancia?. ¿Quién tiene derecho a decir que hay gente que esta peor?, ¿que un niño está llorando por ”chorradas”?, ¿o que hay cosas más importantes por las que sentirse así?. ¿Quién tiene el derecho de hacer juicios sobre lo que sentimos, sobre lo que tenemos que sentir o de si merece la pena?

No todos vemos lo mismo, pero vemos. No todos sentimos lo mismo, pero sentimos.

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Un comentario »

  1. Hola Sara,

    fíjate, identificas el sentimiento como el mismo, aún cuando aquello que compartes ocurrió hace casi veinte años. Más allá de comparar la aparente razón del sentimiento, y pensar que, ante lo de hoy, lo de ayer era algo sin importancia, como empiezas a esbozar las causas pueden ser diferentes para distintas personas, y más que entrar a valorar cuáles son más válidas y cuáles menos, es interesante intentar entenderlas en el contexto personal.

    Retomando tu ejemplo, algo importante sería prestar atención a cómo el momento evolutivo, junto a otros elementos, juega un papel fundamental a la hora de dar sentido a nuestro mundo.

    Tal vez recuerdas que, cuando hablábamos del apego, revisamos los que podrían considerarse sus tres elementos: el comportamental, el cognitivo (los modelos internos) y el afectivo. Lo afectivo incluye aquellos sentimientos activados por los modelos internos (fraguados a partir de nuestras experiencias) y en él cobra gran importancia la interpretación personal. En este sentido, estoy contigo, no todos vemos lo mismo, no todos sentimos lo mismo.

    Un saludo.

    Gloria.

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